viernes, 2 de septiembre de 2011

Una caricia al alma


Es difícil describir en que consiste el masaje: ha sido definido como un "arte" ya que el conocimiento de la técnica no es suficiente si no está acompañado de amor por lo que se está haciendo. Constituye una relación única e irrepetible que se instaura entre dos personas en un preciso momento de sus vidas y que determina las potencialidades y energias profundas. La mano del hombre es terapéutica. Es capaz de infundir nueva vida a los tejidos, de sustituir el dolor por placer, de restablecer el equilibrio roto.
El masaje muestra con gran claridad la unidad psicosomática del hombre. Cuando, como consecuencia de una fricción o una manipulación, el dolor físico desaparece también el espíritu recupera la serenidad.
Al realizar una sesión de masajes, situándonos en el momento presente, trabajamos todos los aspectos de la persona: físico, mental, emocional y espiritual. Al concluir la sesión hemos equilibrado estos aspectos, el cuerpo se encuentra re-vigorizado y tonificado, la mente está en paz y la persona se encuentra más en contacto con sus propias emociones.
Mi maestro me dijo siempre "el masaje es una caricia al alma", y así lo vivo yo. Es para mi dar un masaje, brindarme y darle a las personas amor y comprensión.